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Guerra de escobas en el Portal de Belen

 

No hay símbolo más característico de la Navidad que el Belén, ese montaje que agrupa las figuritas de san José, la Virgen y el Niño Jesús al cobijo de un voladizo de corcho. Reproduce la escena del nacimiento de Cristo que, para los creyentes cristianos, tuvo lugar hace más de 2000 años en una gruta del palestino pueblo de Belén. La imagen del doméstico Nacimiento es, sin duda, un cántico a la felicidad y armonía hogareñas. Sin embargo, en el Portal de Belén real, ocurre precisamente lo contrario.

 

Belén

 

 

Basílica de la Natividad, Belén

 

Sobre ese precario pesebre que describe el Evangelio, el emperador romano Constantino ordenó construir, en el siglo IV, una Basílica donde rendirle culto. Mucho ha llovido desde entonces sobre sus muros porque, a lo largo de los siglos, el templo ha sido derribado y vuelto a levantar, calcinado por incendios y zarandeado por terremotos, asaltado en numerosas revueltas, saqueado y bombardeado. Tan atormentada vida ha dado como resultado la actual Basílica de la Natividad y el conglomerado de conventos, iglesias y dependencias que la rodean, un mazacote arquitectónico bastante feo aunque sea uno de los más santos lugares de la cristiandad.

 

Basílica

 

La Basílica es un templo enorme que se amplía con las diversas cuevas ocultas bajo el suelo, entre ellas la Sagrada Gruta donde nació Jesucristo. Todo el conglomerado pertenece a la Iglesia cristiana. O, mejor dicho, a las iglesias cristianas. Porque puede que el cristianismo, en su origen, formara un solo cuerpo de credos y liturgias, pero el transcurrir del tiempo lo fue desmembrando, dividiéndolo en distintas Iglesias y haciendo que la propiedad del templo de la Natividad se repartiera entre las tres principales comunidades cristianas: latina (romana), ortodoxa y armenia.

 

 

Para hacernos una idea de lo que esto significa veamos cómo era el culto en 1335, cuando Jacobo de Verona visitó la Basílica. Según narra, cada comunidad tenía su parte reservada: los griegos, el Altar Mayor de arriba; los latinos el altar de abajo al lado del Pesebre; en la parte izquierda de la Basílica había tres altares para los ritos de los indios, nubios y nestorianos; en la parte derecha celebraban los jacobitas, mientras que los georgianos y maronitas lo hacían en altares situados fuera de la Basílica. Toda una confusa multipropiedad religiosa.

 

Cristianos lo son todos pero la verdad es que, históricamente, se han tratado como si fueran los peores enemigos. El reparto de la Basílica se ha regulado con un rigor extremo, buscando respetar los derechos históricos de cada comunidad. El resultado es absolutamente caótico aunque lo haya ratificado la Liga de Naciones en 1922. Estos son algunos ejemplos.

 

La Gruta y las dos escaleras de acceso.

 

La Sagrada Gruta donde nació el Salvador es compartida por las tres comunidades. El Altar de la Natividad pertenece a los ortodoxos, aunque en él también pueden celebrar misa los armenios, pero no los latinos. Los iconos que decoran el altar son de los ortodoxos, y nadie más puede quitar ni poner otra cosa. El lugar exacto donde nació Jesús está marcado por una Estrella de plata de catorce puntas que pertenece a los latinos, con gran disgusto de los ortodoxos que la robaron en 1847 y no la devolvieron hasta 1853. La rodean dieciséis lámparas, con el siguiente reparto: seis son ortodoxas, seis armenias y cuatro latinas. A los latinos pertenecen el Pesebre y el Altar de la Adoración de los Reyes Magos. La Gruta solo tiene dos puertas y escaleras de acceso. El acceso sur pertenece a los ortodoxos. La escalera y la puerta norte son compartidas por las tres comunidades, aunque los ortodoxos solo pueden utilizarla en sus procesiones y exclusivamente para salir de la Gruta pero no para entrar en ella… Y así todo, incluyendo el repique de las distintas campanas del templo.

 

Estrella latina, iconos orotodoxos y lámparas.

 

Las inquinas de unos y otros han provocado que los monjes de las distintas comunidades se enfrenten violentamente en varias ocasiones. La peor reyerta tuvo lugar entre ortodoxos y latinos en 1873. Llegaron a las manos en el interior de la mismísima Gruta donde nació Jesucristo, y la pelea se saldó con un elevado número de heridos.

 

Monjes orotodoxos limpiando la Basílica.

 

Curiosamente, uno de los temas que más tensiones causa es el de la limpieza. La rivalidad entre las distintas comunidades y el confuso reparto de altares y paredes, pasillos y ventanas hace que el asunto de pasar la mopa provoque verdaderas batallas en las que se lucha hasta derramar sangre. A principios del siglo XX el gobernador otomano Gamal Pasha tuvo que enviar a la policía para que adecentara el templo porque, para evitar peleas, los monjes llevaban treinta años sin pasar la escoba. A partir de entonces las tres comunidades pactaron un día, el 29 de diciembre, para realizar la limpieza anual. Y ese es un día de alto riesgo en la Basílica.

 

 

Limpieza general en la Basilc a de la Natividad, Belén.

 

Para esa ocasión cada comunidad se organiza como un verdadero ejército, recibiendo refuerzos de sus conventos principales y organizándose con un Dragomán o mediador al frente de sus monjes. Armados de escobones, bayetas y cubos, inician la limpieza general. Los primeros en romper la paz suelen ser los ortodoxos porque, para limpiar algunas de sus ventanas, tienen que pisar un suelo que pertenece a los armenios, invasión que estos no toleran, defendiendo la frontera de sus baldosas con uñas y dientes. Similares pleitos enfrentan a latinos y ortodoxos, de manera que la limpieza termina a veces con violentos enfrentamientos entre los monjes. El más grave ocurrió en la limpieza de 1963, cuando los clérigos ortodoxos no aceptaron los acuerdos tomados por los Dragomanes y organizaron una revuelta en toda regla. Tan levantiscos se mostraron que el Patriarca Ortodoxo tuvo que expulsar del país a los monjes amotinados.

Después de este triste ejemplo, mi deseo para todos es Paz, Amor y… ¡Feliz Navidad!

 

Firma Javier Navarrete

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